viernes, 1 de agosto de 2008

Sigur Ros - Heima

Tengo la sensación de que todo lo que pueda llegar a decir no alcance.

Cinco años atrás un compañero de la facultad me recomendó escuchar Sigur Ros. Desde ese entonces soy amante de la banda, su música etérea y su canto en lengua desconocida me cautivó por completo. Sigur Ros es una banda de chicos islandeses y su música es un manifiesto de la soledad, lo primitivo y todo lo que Islandia es.

Takk (2005) fue el disco con el que mayor difusión a nivel mundial tuvieron. Esto hizo que se que embarcaran en una larga gira que tuvo su corolario en su país natal. De estos últimos recitales nace Heima, una película documental donde quedaron registradas las presentaciones en su tierra y para la gente del lugar.

La primera vez que vi la película la tuve que cortar a los 30 minutos porque no paraba de llorar. Después la retomé y la vi tres veces más. El film es sin duda una obra de arte con todas las letras.

Algunos dicen que no es necesario conocer el lugar de donde una banda viene para que te guste lo que hacen. Error! No se puede llegar a comprender en su plenitud lo que alguien quiere expresar artísticamente sin antes sumergirse en su mundo. Esto pasa con Sigur Ros. La banda te puede gustar o no pero lo que no se puede negar es que al ver el documental todo cierra y es entonces cuando realmente uno puede discernir lo que la banda es. Hay muchas cosas que se pueden decir sobre Sigur Ros como por ejemplo que su música es algo inusual, no comercial y difícilmente se va a escuchar en una radio, no por habérselo propuesto sino simplemente por lo que son. Tampoco uno puede pensar que al momento de formarse imaginaron alguna vez tener un cuarto del reconocimiento que tienen hoy y por último y no menos importante, que canten en un extraño idioma (fonéticamente similar al islandes) inventado por Jonsi, lider de al banda es el ejemplo más claro que lo que hacen es la pura expresión del alma. Son músicos no porque no pudieron ser otra cosa, sino porque no son otra cosa.

En Islandia Sigur Ros quiso de alguna manera devolver lo que su lugar les había regalado y así fue que organizaron una serie de recitales por los diferentes pueblos islandeses. No importaba (y de hecho eso fue lo que paso) si se presentaban doce lugareños, algunos pescadores o miles de personas, ellos solo ponían los instrumentos en los paisajes hermosamente dotados y tocaban. Ruinas, montañas, glaciares, antiguas iglesias, viejas fábricas abandonadas, entre otros, fueron los lugares elegidos.

Es maravilloso ver como la gente llegaba al recitla cruzando campos, verdes y rocosos, caminando por el asfalto de desoladas carreteras, o por los acantilados que bordean el mar acompañados de la familia. La familia! Todo es vivido como algo comunitario. Adolescentes, adultos, niños con sus padres y abuelos, todos ellos bien abrigados (con sus tradicionales pulovers), a la intemperie al pie de una montaña con el fuego encendido (o donde fuere) participando de eso que se vivía como un ritual, como algo íntimo, como algo que compartir, y que unía a un pueblo entero.

La forma en que los lugares son filmados, el criterio que se tuvo para mostrarlos, para captar los objetos, la naturaleza y embeberla en la grandeza musical de Sigur Ros, no hace más que reflejar el profundo amor y respeto que la banda tiene con su tierra, con su pueblo, con su historia. Delicadeza, hermosura, humildad, comunión son pilares del documental y de la gente que ahí vive y por supuesto de la música que Sigur Ros hace. La reflexión que inevitablemente brota de uno al mirar la película es entender que la vida es otra cosa, muy diferente a lo que uno vive o le hacen vivir. Lo que importa y alimenta el alma está en otro lado.
Y sí se entiende por qué Sigur Ros hace lo que hace.

1 comentario:

Chelsea Basement dijo...

Mi compañera de oficina está ahora en Europa, pronta a ir al Pukkelpop festival en Bélgica ... Le dije que vaya a ver a Sigur. Ní sabía quiénes eran ... Esepero lo sepa disfrutar.

Abrazo, chino.